Nuestros ancestros ya practicaban este método curativo y hoy en día es practicado a diario por muchas culturas, que nos dan ejemplo de su buena salud; además, la gran mayoría de animales en la naturaleza lo practican para limpiar y regenerar sus organismos; por ejemplo, si un perro o gato es atropellado por un vehículo y le fracturan una pata, el animal se retira varios días a un rincón donde nadie le moleste y ya se le puede poner delante su mejor manjar que mientras no esté curado jamás probará ni un solo bocado de comida. Esto es algo que no podemos apreciar en las ciudades por que lo llevamos directamente al veterinario.
El ayuno está también presente en casi todas las religiones como medio de purificación, y es que aparte de ser curativo y limpiador a nivel físico, también lo es a nivel psíquico y emocional o espiritual, como veremos posteriormente.
Todos los grandes genios, sabios, pensadores, descubridores y creadores de todos los tiempos, concibieron sus grandes obras en períodos de ayuno o escasez alimentaria, encerrándose días enteros en sus “laboratorios”, aislándose del mundo sin apenas ingerir alimentos.
Y todo ello no es magia ni brujería, sino que son hechos científicos totalmente demostrados que obedecen a leyes fisiológicas de todos los organismos vivos y que son mecanismos de supervivencia que todos hemos consolidado a lo largo de toda la evolución.
Un organismo necesita ser nutrido adecuadamente y de forma más o menos continuada, pero no es menos cierto que necesita limpiarse y depurar las toxinas y desechos metabólicos acumulados, y esto es tan importante o más que la nutrición.
En condiciones normales la nutrición, la asimilación y la limpieza se produce diariamente en ciclos consecutivos de unas ocho horas cada uno, pero estamos en una cultura que no le damos tregua al cuerpo para que se limpie, durante las ocho horas que debía limpiarse le seguimos dando más comida, y sobre todo comida contraria a las necesidades orgánicas y fisiológicas (leche, café, sal, azúcares refinados y toda una batería de comestibles, que no alimentos, manipulados por la industria alimentaria que nos están destruyendo) por lo que las funciones de limpieza el organismo las va posponiendo y la “porquería” se va acumulando dando lugar a casi todas las enfermedades.
El ayuno, para las personas que lo desconozcan, es ingerir solamente agua durante varios días sin tomar nada sólido, y aunque sea difícil de creer, no se padece hambre en absoluto después de las primeras 24 horas, hasta los 40 días o más que puede llegar a durar, si se pretende hacer una limpieza en profundidad. Entre los días 37 a 41, el organismo suele completar la limpieza y es precisamente ese día cuando se comienza a sentir hambre de verdad, siendo ésta la señal para comenzar a comer.
Se pueden hacer semiayunos con zumos, caldos, infusiones, siropes, monodietas de fruta, etc... ,en los que ya no se puede hablar propiamente de ayuno y los procesos orgánicos de limpieza ya son diferentes y más limitados, pero son llevaderos.
De todas formas un ayuno largo debe ser siempre asesorado por un terapeuta, ya que puede haber patologías en las que esté contraindicado y hay que comenzarlo y terminarlo de forma muy estudiada para evitar problemas; mientras que un ayuno corto de uno a cuatro o cinco días lo puede hacer casi todo el mundo sin ningún problema (está contraindicado en diabéticos, embarazo, enfermedades mentales, alteraciones nerviosas, cansancio y patologías limitantes graves de hígado riñón, etc.).
Para que un ayuno sea verdaderamente beneficioso no debemos descuidar nunca estas pautas elementales:
Antes de comenzar un ayuno, salvo excepciones urgentes en que hay que comenzarlo de inmediato, la persona tiene que estar una temporada haciendo una dieta correcta sin la ingestión de tóxicos metabólicos ya mencionados algunos (tabaco, alcohol, café, azúcar, sal, leche, productos refinados y no integrales, agua del grifo, etc.), y no porque sea absolutamente necesario, sino que si se comienza un ayuno con todas esas toxinas acumuladas, se van a producir crisis depurativas y de eliminación muy intensas en los primeros días, lo que va a provocar un gran decaimiento físico y mental de la persona, que erróneamente achacará a la falta de comida, cuando no es así en absoluto, sino que son el exceso de toxinas las que provocan este estado, y ello desanimará, ya al principio, al ayunante, que es lo que hay que evitar a toda costa. Un ayuno bien llevado y con una desintoxicación previa es un auténtico placer para todos los sentidos y la mente.
Otra paradoja del ayuno, para todo aquel que desconozca sus beneficios, es que el nivel de energía corporal es más alto que cuando se está comiendo (excepto determinados días de pequeñas crisis). Esto desmitifica lo que siempre nos han dicho de que hay que comer mucho para estar fuerte y vamos a explicarlo porque es muy importante que todo el mundo conozca este mecanismo de supervivencia que tiene todo organismo viviente, el ser humano incluido:
Cuando ingerimos más alimentos de los necesarios, y con la dieta occidental lo hacemos en todas las comidas de nuestra vida, el sistema digestivo necesita usar una gran cantidad de energía para digerir, y lo que es peor, para eliminar los grandes residuos tóxicos que deja la alimentación incorrecta y excesiva. Un ejemplo claro de esto es que después de una gran comilona se queda uno derrotado y casi sin fuerzas para moverse ni pensar; sin embargo, cuando hacemos comidas ligeras y con alimentos sanos en las que abundan las verduras, ensaladas, cereales integrales, legumbres, frutas, huevos, etc., la energía que necesita la digestión va a ser infinitamente menor, quedando mucha más energía disponible para el resto de las actividades del día.
Con una alimentación muy ligera y frugal, la energía durante el día es casi inagotable, y algunos lo experimentamos desde hace muchos años. Es más, casi todas las personas que han realizado ayunos, han coincidido en que durante su realización su estado energético es excepcional y su rendimiento físico y mental es muy superior a cuando comían “normalmente”.
Como este tema es muy extenso y veo que se quedan muchos aspectos interesantes en el tintero, lo voy a fraccionar en dos partes, por lo que la segunda mitad será publicada en el siguiente número de la revista.
En la segunda parte expondremos los fines del ayuno, su repercusión a nivel mental y emocional y algunos trucos para sobrellevarlo mejor en las crisis de eliminación de toxinas.
La principal finalidad del ayuno, es conseguir una limpieza y regeneración orgánicas en profundidad de todo el organismo y esto se produce por varios mecanismos, el primero de ellos es que al dejar de comer también dejamos de introducir toxinas en el organismo, lo que ya representa un enorme trabajo menos y un ahorro de una gran cantidad de energía, en segundo lugar evitamos digerir, lo que supone otro gran ahorro energético, y otra ventaja más es que logramos vaciar en gran medida todo el intestino con la consiguiente regeneración de toda la flora intestinal beneficiosa.
Pero hay otro mecanismo muy importante, que se lleva investigando a fondo en la última década sobre el rendimiento mental, y que voy a describir detalladamente.
Las neuronas y glías del cerebro son las únicas células del cuerpo humano que no son insulinodependientes, sino que dependen del antagonista de la insulina, el glucagón, y por lo tanto cuanta más insulina hay en sangre menos glucagón circula, y eso se traduce en que cuando estamos alimentado nuestro cuerpo, el cerebro funciona bajo mínimos (al contrario de lo que siempre se ha dicho) y se ocupa casi únicamente de las funciones vitales. Sin embargo, en el ayuno circula mucho más glucagón y entonces el neocortex o neocorteza (el área del cerebro que constituye la capa neuronal) tiene una gran energía suplementaria para poder llevar a cabo funciones más elevadas como discernir, evaluar, crear etc.
Una muy buena forma de activar la mente cada día, y esto les va a parecer una barbaridad a muchas personas, ya que siempre nos han dicho todo lo contrario, es no desayunar nunca hasta el mediodía, o como mucho, nunca antes de las doce de la mañana, y sí a cambio beber mucha agua durante toda la mañana, la sensación que se tiene muchas veces y que las personas interpretan como apetito es en realidad deshidratación, si cada vez que se siente “el gusanillo” se bebe un buen vaso de agua esta sensación desaparece al instante, como nos comentan muchas personas.
Todo ello está corroborado por la fisiología moderna, ya que, aparte del beneficio mental, está el hecho incuestionable de que nuestro organismo desde las cuatro de la madrugada hasta las doce del mediodía (aproximadamente), se encuentra en proceso de limpieza y eliminación de toxinas y no está preparado para digerir nada, por lo que si hacemos un desayuno temprano esta limpieza la interrumpiríamos bruscamente para realizar una digestión para la que no está preparado en ese momento nuestro cuerpo, lo que hace que día tras día se vaya acumulando la toxemia que nos provoca todo tipo de enfermedades.
A todo ello hay que hacer una advertencia: como la mayoría de las personas están muy intoxicadas habitualmente, los primeros días pueden presentarse crisis depurativas molestas (aunque beneficiosas), por lo que antes de practicarlo sería mejor hacer una buena dieta sana y no tóxica durante una temporada (con asesoramiento).
Sé que estamos en una cultura en la que todo esto se hace prácticamente inviable y muy pocas personas se atreven a salirse de la rutina, sobre todo para no ser rechazadas socialmente.
Si le dices a una madre que lo ideal (y lo científicamente demostrado) es que su hijo se fuera al colegio sin desayunar para que su salud y su rendimiento mental fueran óptimos, nos tacharía de locos o algo peor; y es más, si casualmente nos hiciera caso y lo pusiera en práctica, tendría muchos problemas con profesores y todo tipo de instituciones, incluso correría el riesgo de perder la patria potestad sobre su hijo.
Un ejemplo casual, entre varios más que conozco, es el de mi propio hijo de 16 años, al que le explique todo este proceso cuando me lo preguntó por curiosidad, quiso voluntariamente ponerlo en práctica y hace ya quince días que su único desayuno es beber agua toda la mañana hasta el mediodía, y sus profesores, sin saber lo que está haciendo, ya que no se lo ha comentado a nadie, ya lo han felicitado por el cambio mental y de actitud que se ha producido en él en la última semana.
Debemos liberarnos de la gran cantidad de mentiras con las que se nos bombardean a diario para mantenernos atados a un nefasto sistema, contrario a los intereses y a la salud de los ciudadanos, para lo cual hay que “ponerse las pilas” y buscar la verdadera información imparcial que nos beneficie a todos, aprendiendo a separar el grano, que escasea, de la paja, que es lo más abundante. Nadie lo va ha hacer por nosotros. Tenemos que meternos a fondo “en la madriguera”.
Suerte a todos en este viaje fascinante hacia la vida.