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Año 5 / Número 25
 
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EDUCACIÓN
Educar la responsabilidad


“Eres personalmente responsable si deseas intentar y experimentar cosas nuevas, y si puedes trabajar y desarrollarte a ti mismo y llevar a cabo un plan para hacerte cargo de tu bienestar. Eres socialmente responsable si respetas los derechos y sentimientos de los demás y eres sensible al bienestar de los otros”. (Hellison, 1996).
Vivimos tiempos de preocupación en relación con nuestro sistema social, la sociedad del bienestar y la crisis de valores. Cada día vemos más noticias relacionadas con la falta de ética en los negocios, la avaricia de los dirigentes, la violencia en los deportes, la falta de respeto a la autoridad en muchos jóvenes y el acoso entre compañeros. Y aún vemos que cuando algunos infractores, como en el caso de Pozuelo (Madrid), son sancionados, algunos padres niegan la evidencia y tratan de sobreproteger a sus vástagos. Parece un mundo hecho al revés.

En este artículo quiero abordar la necesidad de sensibilizar acerca del papel de las personas responsables en la educación del ser humano (padres, profesores, autoridades) en el aprendizaje de la responsabilidad personal (con uno mismo) y la responsabilidad social (con los otros) que facilite algún día poseer una conducta cívica y el desarrollo personal integral de las personas.   

Las tareas que ha de abordar una correcta educación centrada en el niño son, por el orden que expongo:
a)    Desarrollar el potencial personal individual de niño como ser humano único
b)    Preparar al niño para saber vivir cívicamente con otros en sociedad
c)    Instruir al niño en los conocimientos necesarios para manejarse adecuadamente en su vida.    

Finalmente, una persona puede considerarse madura cuando es capaz de cuidar de si mismo de forma saludable y convivir con otros de forma respetuosa y responsable. La educación en la responsabilidad es la tarea más importante de los padres y del sistema social; cuando no se hace de forma adecuada es un fracaso de todos.Ahora bien, este aprendizaje, como cualquier otro, implica aprender habilidades de forma escalonada. No podemos pretender que un joven o un adulto sepan como conducirse en su vida sin haber aprendido habilidades que le capaciten para la convivencia en períodos previos.

NIVELES DE RESPONSABILIDAD   

El aprendizaje progresivo implica los siguientes aspectos:

I.    Respeto por los derechos y los sentimientos de otros. Es la forma más básica de responsabilidad social, implica aceptar a los demás en su individualidad y manera única de ser. No quiero decir aceptar los malos modos del comportamiento del otro; la conducta no es la identidad, sólo una forma de reaccionar. Podemos ver que no estamos respetando al otro cuando es insultado, acosado, humillado o tratado con desprecio; o cuando alguien coge las posesiones del otro sin su permiso. Respetar al otro requiere además una serie de habilidades como el auto-control del temperamento y el humor; muchos niños y adultos confunden las explosiones de ira como algo de su manera de ser, implicando con ello que son así y no pueden cambiar.

Sin embargo, podemos ver como estos mismos cuando están ante alguien a quien reconocen autoridad pueden controlarse. El niño ha de aprender a calmarse antes de actuar, a calmar su rabieta para después poder pensar con claridad y resolver los problemas de manera pacífica. El autocontrol también conlleva aprender a tolerar la frustración de que podemos desear algo del otro, pero es el otro el que decide dárnoslo o no porque es suyo; asimismo, implica incorporar que la valía personal no depende de lo que los demás digan de nosotros. Además, ha de aprender que todos tienen derecho a ser incluidos en un grupo, en una actividad. Estos son comportamientos observables sobre los cuales los educadores han de incidir en su tarea educativa.

II.    Esfuerzo personal y trabajo cooperativo. Esforzarse y cooperar es asumir responsabilidad social en lo que se quiere; me refiero aquí a asumir responsabilidades por las motivaciones propias, e implicarse con su esfuerzo personal en conseguirlo. Quizás hemos creado una cultura en la que se persiguen los resultados rápidos, y muchas veces estos se obtienen de forma regalada por los otros. El niño ha de experimentar que los resultados en su vida dependen de sus acciones y su persistencia en las tareas. Además, el niño ha de cooperar dejándose enseñar y poniendo de su parte a cambio de la dedicación que los otros le otorgan.

III.    Dirigirse uno a sí mismo. Es la segunda forma de practicar la responsabilidad personal. Se trata de adquirir la responsabilidad de trabajar de manera independiente; el ir avanzando desde un sistema en el que al principio es el adulto el que dirige, conoce y toma las decisiones adecuadas hacia un sistema en el que el niño tiene capacidad para reflexionar por si mismo en saber lo que quiere, elaborar un plan para conseguirlo y llevarlo a cabo. En otras palabras, hemos de dejar de esperar que los otros piensen y hagan por nosotros y ser activos en saber y dirigirnos a lo que queremos. Como he defendido en otros artículos, somos los responsables de nuestra felicidad.

IV.    Ayudar a otros y ser un ejemplo. Esta es la segunda prueba de la responsabilidad social y prueba de madurez personal. Es la responsabilidad que implica sensibilidad y disposición a responder a las necesidades de los demás, actuar con cuidado y compasión con los otros, contribuir al bienestar de los demás sin esperar obtener una recompensa, escuchar y responder sin juzgar, ayudar sólo si el otro lo desea y no ir de salvador, y aprender a ayudar a los demás a resolver las diferencias de manera pacífica y democrática.

En definitiva, la persona que ejerce este nivel de responsabilidad es un modelo y líder a seguir para los demás. Pensemos en algunos modelos sociales que a todos nos gustan por su práctica de la humildad y el respeto al contrario, aun cuando han ganado una competición. Reflexionemos sobre qué papel, como educadores en cualquier ámbito social, estamos desempeñando para educar en este sistema de vivir responsablemente.   

CONSEJOS PRÁCTICOS

-    Siguiendo el modelo expuesto en este artículo, piensa en cómo enseñas las conductas responsables a tus hijos o en tu entorno social.
-    ¿Llevas una vida en la que te sientes al control haciendo tareas y actividades que te llenan o tiendes a creer y a funcionar como si lo que te ocurre es a causa de las circunstancias y no tienes nada que ver? Haz una reflexión y un plan para  sentirte al cargo
-    Plantéate como y en que puedes ser ejemplar en tu vida. Ten en cuenta que es más importante lo que haces que lo que dices; y si hay contradicción, el niño se quedará con lo que ve que otros hacen. 

Opina en: www.conocimientodeunomismo.blogspot.com; www.aleces.com
Autor:    Mario Salvador| Analista Transaccional Docente y Supervisor, Director de Alecés
Año 4 / Número 21
Pág. 38
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