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Año 6 / Número 31
 
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TRAUMA
El Trauma, una herencia psicológica

Sanación de los traumas

El Trauma, ¿qué es el trauma?, ¿es uno de esos eventos que marcó nuestra vida o lo que el evento en sí dejó en nosotros?, ¿será que a nosotros nos gusta llevar ese recuerdo o que no nos lo podemos quitar de encima?
La realidad es que el trauma es parte de nuestra existencia, consciente o inconscientemente, ahí está. Traumas de los cuales somos conscientes porque se crearon en base a un evento o circunstancia, en un momento exacto de nuestra vida.

Aquellos de los que no somos conscientes son aquellos que pertenecen directamente a nuestra herencia psicológica, los que nos limitan a la hora de realizar ciertas actividades.

Sanación de los traumas

Todos los traumas, podríamos decir que, son incidentes del plan de nuestra vida, necesarios en un principio para poder causar la limitación; ahora bien podemos querer seguir viviendo con el trauma y su limitación o liberarlo a través de la conciencia.

Muchos de nosotros cuando tratamos el trauma hacemos terapia con el rencor, el malestar, la desdicha,… desde la víctima, pero no sanamos el trauma, el evento y, por supuesto, nos olvidamos de la otra parte que participó en el evento, la cual necesita su parte de sanación o liberación; no es posible liberar a una víctima sin liberar a su agresor. A sí pues para sanar los traumas debemos verlos desde afuera, sin el victimismo.

Desde el punto de vista de la víctima sólo habrá castigo y dolor para el agresor, y así su satisfacción, ojo por ojo, pero eso no significa la liberación. Cuantos agresores han pagado por sus deudas y, sin embargo, la aflicción sigue en la víctima. Está bien que cada uno se haga responsable o asuma sus deudas, mas sin embargo, eso sólo compensaría el hecho y no lo acontecido; es necesario tratar el hecho desde un punto neutral para poder ver a la víctima y agresor por igual y medir las capacidades de ambos. Ambas partes son necesarias para un trauma, sin el agresor la víctima no podría vivir su escena.

Hoy en día hay muchas personas que viven del drama, algunas lo crean y las que no se lo inventan, pues parece ser que llama más la atención ser la víctima que el agresor.

Una herencia psicológica

Ser agresor requiere de una gran responsabilidad y un precio muy alto, y sólo los valientes o cobardes se atreven a realizarlo, pero más allá de los adjetivos, todos ellos son movidos también por su herencia psicológica o familiar, pues muchos no sabían lo que hacían ni median sus consecuencias.

Cualquier persona con dos dedos de frente se plantearía las consecuencias antes de realizar cualquier acto, sin embargo no es así, siguen cometiéndose actos atroces donde ambas partes se sienten atraídas como por un imán, un imán que sólo existe en nuestro inconsciente y el cual nosotros no vemos.

Es necesario el sanar el trauma con ambas partes, sanar la causa de por qué el agresor nos causó daño, el porqué de nosotros estar ahí presentes, que era lo que buscábamos como víctimas más que lo acontecido. Todo eso lo podremos ver cuando dejamos de ser la víctima, mientras somos víctima sólo buscaremos la venganza y pediremos el precio más alto.

En el amor, la paciencia, la comprensión, el entendimiento estará la solución; en el rencor, el odio estará la aflicción y el trauma seguirá de generación en generación, pues nadie le puso un alto. Sólo pienso en mí y que cada uno se busque la vida; nuestros hijos heredarán lo que nosotros no liberemos y, de ahí, los traumas inconscientes que limitarán sus vidas. Ahora bien, si eso es así, es lo que nos depara nuestro destino, algo innegable que podemos sanar conscientemente asumiendo nuestro papel en el presente.

Podría ser infinito de padres a hijos la venganza por todo lo acontecido, nadie perdonaría, mas se buscaría peor castigo que lo sucedido; todos sabemos lo que le haríamos a una persona que atentó contra alguien de nuestra familia; en nuestra historia española tenemos grandes relatos de las  agresiones que nos hemos inflingido unos a otros y la historia continuará individual y colectivamente, pues es parte de nuestra vida, es así el gran trabajo que cada uno de nosotros debemos realizar individualmente al sanar nuestro trauma, nuestra vida, nuestro destino, pues cuantos más estemos en el proceso de sanación más se sanará el colectivo, menos víctimas habrá y menos agresores se necesitarán, ¡seamos adultos!
Autor:    MIGUEL ANXO MARTÍNEZ LÓPEZ
Año 4 / Número 20
Pág. 41
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