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Año 5 / Número 25
 
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ACTIVIDADES MANUALES
Las actividades manuales en el Curriculum Waldorf


Mis manos tienen cinco dedos que me ayudan a jugar pero a la hora de la labor como saben trabajar. Mano derecha, mano izquierda siempre dispuestas a ayudar una viene hacia la otra y el trabajo va a empezar Las manualidades en el currículo Waldorf, se incorporan de forma periódica en el primer año de primaria pero durante todo el jardín de infancia han sido vividas desde el cuidado que las jardineras han estado poniendo en sus acciones diarias. Durante el momento del juego simbólico las jardineras atienden a las necesidades que los más pequeños tienen de ser guiados y apoyados en su juego dando un pequeño impulso colocando algún material de la época que les inicie en el “trabajo para ese día”, y en los momentos en los que los niños mágicamente entran en esos mundos de fantasía que van surgiendo, ellas se ocupan de la costura de algún muñeco descosido, la calceta de algún vestido nuevo, etc.

Poco a poco el niño va necesitando un pequeño tiempo de una mayor concentración, el de 5 años sigue viviendo las rutinas de expansión-concentración del jardín pero se está preparando para dar el paso a primaria. Así, hay momentos en los que los cordones de lana van siendo creados por los dedos ágiles y despiertos de aquellos. También entra como una actividad para todo el año el telar de bastidor, para que hilando la urdimbre que la maestra prepara se vaya incorporando una voluntad más madura que el niño va aprendiendo a conquistar.

El niño antes de los 6 años vive en una situación en la que comparte mesa con los de todas las edades y con la maestra, donde se ocupa en conquistar y mover todo el espacio y todo el material para ponerlo a disposición de su fantasía y donde todo ese material, todos los objetos, están en cestos y pertenecen al aula y al grupo. Y pasa, en primero de primaria, a disponer de su material individual y a estar sentado en hileras mirando al encerado o a moverse en corro al ritmo de las diferentes canciones que van dando apoyo al contenido conceptual que se está tratando. Es en este momento cuando les hace falta una mayor concentración y reposo para realizar todos los procesos de aprendizaje. El hacer calceta recoge todo lo que queda de disperso del jardín de infancia.

Por supuesto, también hace de estímulo para el perfeccionamiento de la motricidad fina que viene muy trabajada de años anteriores. Podemos recordar aquello de “mente ágil, dedos ágiles” de lo que ya se habló en artículos anteriores. Las agujas, los puntos, uno al lado del otro, la tensión necesaria para sujetar las agujas y lograr que el tejido vaya apareciendo requiere de precisión y coordinación entre ambas manos. El tejido solo sale bien cuando se ha logrado un estado de tranquilidad interior y exterior y, un estar presente en la tarea que permite que las acciones realizadas ocurran coordinadamente. Por eso les ayuda a concentrarse y centrarse. Esta experiencia es transferida al trabajo intelectivo en las horas principales, para escribir, contar, dibujar... Una de las características fundamentales de realizar trabajos manuales es que por un lado se mueve el pensamiento de manera positiva, ordenada y concentrada y, por otro, permite un encuentro profundo consigo mismo, a través de su sentir.

En las clases se trabaja con el pensar, el sentir y la voluntad. Con la voluntad desarrollan su mundo interior y a la vez se ordena el pensamiento, gracias a la fuerza de lo metódico y lo repetitivo. Entre el pensar y el hacer se abre camino el sentimiento.

“Debemos procurar que en las clases de trabajos manuales el niño sienta con todo su cuerpo lo que está haciendo. Toda instrucción en trabajos manuales deberá dirigirse hacia el sentimiento” (Rudolf Steiner)

Durante los primeros años de la escuela primaria el pensamiento del niño está apoyado en “imágenes”. Todo el pensamiento imaginativo se transformará en pensamiento lógico más adelante. Es a través de las imágenes como se presentan las actividades manuales a los niños de las escuelas Waldorf. Imágenes que se mantienen vivas favoreciendo el recuerdo de las diferentes tareas manuales en años posteriores. En el primer curso se aprende a hacer punto. Después seguirá el ganchillo, punto de cruz... no es gratuito el decidir cada actividad para cada momento evolutivo, las razones están conexionadas con el despertar anímico del niño, unido, en su evolución, a la historia de la humanidad en relación con el tejido. Es importante que los trabajos tengan una utilidad y que se puedan disfrutar al contemplarlos. Con la creación de objetos útiles y bellos favorecemos las fuerzas creadoras, las fuerzas de conservación y de transformación. En cambio hacer cosas inútiles favorece el consumo, el gran mal de nuestra época. Desarrollar en los niños la capacidad de realizar procesos completos, el conocer de donde provienen los materiales que utilizan, finalizar cada uno de sus trabajos materializándolo en un objeto útil y bello los coloca en una posición de productores en vez de consumidores. Es durante la época que ocurre entre el cambio de dientes y la pubertad el momento más indicado para presentar al alumno el máximo de belleza y de genuina apreciación artística de la vida. Cuanto más se integre en el niño la comprensión de lo bello, tanto mejor estará preparado para enfrentarse, en la pubertad, con lo práctico... resultando de gran provecho para toda la vida futura.

 

Calcetando y trabajando para lo concentración

Como ya se ha comentado el niño viene del jardín de infancia, del mundo de la ensoñación y a través de la calceta le ayudamos a caminar de la imaginación a la imagen (en primaria) para dar paso a lo concreto (3º de E.S.O.). El cuento nos prepara para la actividad llevándonos a través de todo el proceso.

Así:

Como todas las mañanas de aquel frío invierno, Pedro salió con sus ovejas para llevarlas a lo alto de la montaña donde se encontraba la mejor hierba. Pasaba el día cuidando de sus ovejas y tocando su flauta de caña…
 
Llegó la primavera y el sol calentaba cada vez más, las ovejas estaban gorditas de tanta lana que les había crecido y sentían mucho el calor. Bajó del monte y se encontró con su abuela y algunos amigos... en la casa comienza el trabajo. Trasquilaban a cada oveja despacio y con cuidado para meter la lana en cestos y llevarla a lavar al río. Al final de la tarde todos los árboles estaban llenos de copos de lana blancos en sus ramas, como si hubiera nevado, esperando el sol del nuevo día que se haría cargo de secarla. Al día siguiente había que cardar la lana, iban apareciendo nubitas esponjadas que más tarde se iban tiñendo de todos los colores del arco iris. Cestas y más cestas de lana de colores llenaban la sala y por las noches la abuela hilaba y hacía madejas que colgaba en una pared. Los colores del verano llenaban la casa.
¿Para que querrá mi abuela toda esta lana?- Se preguntaba Pedro. Para tejer calcetines, gorros, mantas, y chaquetas que abrigarán a todos en el próximo invierno. Ese día se lava en clase la lana con agua fría y jabón “del de antes” y se deja secar en una cesta al sol o al lado de una ventana. El día siguiente la cardamos con peines de alambre plano y la abrimos un poquito con las manos para ver como aparecen las nubes. Con los dedos un poquito mojados la vamos hilando y nos llevamos una pulserita para casa.
 
El próximo paso es mirar los colores de los ovillos de lana. Buscar por la ventana los colores más cercanos a la tierra y como se van iluminando de camino al cielo. También es el momento de preparar cada uno su bolsa de calceta, ponerle el nombre. Preparar las agujas de madera, sacarles punta, lijarlas, darles con la lanolina de la lana y ponerles una bolita en el otro extremo. Y por fin empezamos a preparar la calceta. Con la imagen de Pedro y su vara (la aguja) de pastor vamos haciendo entrar las ovejas (los puntos) y así iremos aprendiendo a darles de comer para que vayan engordando, a la que nunca le damos es a la primera, ese es el perro que cuida de ellas. Lo que primero hacemos es una gallinita blanca, para casa, y después, ya con una pequeña experiencia, empezamos con el diseño y elaboración de una bolsa para la flauta de madera que agradece mucho el calor de esa funda de tres colores.
 

Los días se van sucediendo y los niños van entrando en el ambiente de la labor, la agradecen. Hasta los más reacios al principio, cuando ven lo que son capaces de hacer, se entregan con una fuerte voluntad al trabajo y hablan entre ellos mientras que va pasando el tiempo o están en silencio atendiendo a sí mismos y al encuentro con el proceso en el que son creadores de algo útil y bello. Para una maestra es una recompensa muy grata el poder ser partícipe de estos momentos en los que el niño se entrega y algo ocurre en el ambiente posibilitando la madurez de lo anímico.

 

Poema para el final de la clase:
 

Damos las gracias aquí reunidos por poder hacer con nuestras manos cosas útiles y bellas.


Autor:    Meniñeiros
Año 2 / Número 6
Pág. 44
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