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Año 6 / Número 31
 
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PSICOLOGÍA
La Psicología Positiva en la tercera edad



Descubrir la llave de la felicidad ha sido el principal objetivo del ser humano y, desde que el mundo es mundo, éste no ha cesado de buscarla: todo lo que hacemos lo hacemos con la esperanza de aumentar nuestra felicidad.
Existe una gran desproporción entre las pocas investigaciones científicas existentes en torno a la felicidad, el peso y la importancia que tiene en nuestra vida.
Los psicólogos se han ocupado mucho más de los problemas de las personas que de sus características positivas; es decir, se han centrado en los trastornos mentales y en su prevención, más que en potenciar o estimular su bienestar.

Es a finales del siglo pasado cuando emerge la psicología positiva de la mano de Martin Seligman (1998) quien propone potenciar las cualidades humanas para que funcionen como amortiguadores de la adversidad.

El mensaje de la psicología positiva es recordarnos que la psicología no sólo sirve para arreglar lo que está mal, sino que también su objetivo es encontrar las cualidades o virtudes de las personas para lograr una mejor calidad de vida y por lo tanto una mayor felicidad.

Cualquier persona que se acerca por primera vez a la psicología positiva debe tener presente que no  se trata de un movimiento filosófico ni espiritual, y que no pretende promover el crecimiento espiritual ni humano a través de métodos dudosamente establecidos.  Tampoco estamos ante un movimiento de marketing impulsado por un grupo de autores oportunistas salidos de la nada dispuestos a sumarse al carro del éxito fácil.
 
Muy al contrario, los artífices de este movimiento son investigadores consagrados y prestigiosos con sólidas y prolíficas carreras que llevan décadas trabajando en el campo de la salud mental. Por último, no hay que dejar de recalcar que en esta búsqueda por lo que es mejor, por las cosas buenas que caracterizan al ser humano, la psicología positiva no confía en sueños dorados, utopías, ni espejismos, sino que adopta el método de la psicología científica, con todo el rigor y seriedad que eso implica.

Dicho esto, una persona tiene un alto bienestar subjetivo cuando evalúa globalmente su vida de forma positiva, frecuentemente está contenta y rara vez está triste. El Bienestar Subjetivo está constituido por tres elementos fundamentales: satisfacción con la vida, afecto positivo y niveles bajos de afecto negativo.

La satisfacción con la vida puede ser subdividida en diversas áreas tales como satisfacción con el matrimonio, los amigos, el trabajo, etc.

El afecto positivo, puede ser evaluado a través de emociones específicas como gozo, afecto y orgullo, en tanto que el afecto negativo puede ser medido por medio de emociones o sentimientos tales como vergüenza, culpa, tristeza, ira o ansiedad. Una persona que tenga experiencias emocionales positivas es más probable que perciba su vida satisfactoriamente. Así mismo, los sujetos que valoran positivamente su vida tendrán más emociones positivas que negativas.

Para muchos, los ingresos económicos son una fuente de felicidad. Sin embargo, se ha comprobado que el dinero es directamente proporcional a la felicidad, en tanto en cuanto sirve para cubrir necesidades primarias, pero deja de ser así una vez que éstas son cubiertas. El dinero es importante en la medida que se transforma en un medio para lograr fines del individuo, pero en sí no es un predictor muy seguro de la felicidad.

Las relaciones sociales son también una fuente fundamental de bienestar subjetivo o de felicidad, en la misma medida que están asociadas positivamente con salud mental y física. Los mayores beneficios provienen de las relaciones íntimas de confianza y de apoyo. Así tener alguien con quien compartir problemas y alegrías, es uno de los factores que intervienen positivamente en nuestro sentimiento de felicidad.
 
Está claro que el ser humano necesita de la protección y reconocimiento que le aportan las relaciones con los demás. Así mismo, se ha podido comprobar que las personas casadas son más felices que las solteras o viudas. Una explicación a los hallazgos positivos en la relación bienestar subjetivo y estar casado, sería que aunque el matrimonio es fuente de variados tipos de tensiones, también proporciona muchos beneficios, siendo, en muchos casos, positivo para la identidad personal y la autoestima (Crosby, 1987).

Por lo tanto, la salud, las actividades, las relaciones sociales, necesidades económicas cubiertas, y factores de personalidad como la extroversión, el optimismo, el control interno, la alta autoestima, el sentido del humor o niveles bajos de neuroticismo, serían los principales ingredientes para alcanzar la felicidad.

También se ha visto como, las personas mayores, aunque con mayor probabilidad están sometidas a acontecimientos adversos como la muerte de seres queridos, enfermedades, jubilación, problemas económicos, soledad, etc, manifiestan tener los mismos sentimientos de felicidad que las jóvenes. ¿por qué ocurre esto? A este hecho se le ha llamado la paradoja de la felicidad. Se han analizado distintas teorías que podrían explicar esta paradoja pero la más plausible nos dice que las personas tendemos a mantener un cierto nivel de felicidad y, aunque los acontecimientos positivos o negativos nos hacen fluctuar ese nivel positiva o negativamente, el ser humano tiende a volver al mismo. Eso no quiere decir que todo esté hecho y que no podamos hacer nada para ser más felices.
 
Por el contrario, con la edad, se aprende a afrontar los acontecimientos adversos de una manera más exitosa que cuando se es joven y a plantearse metas más fáciles de lograr; de forma que aprendes a ser feliz con las pequeñas cosas y a compensar de alguna manera los acontecimientos negativos a los que las personas mayores están, por regla general, más expuestas. Por último, la teoría de la actividad asume que la felicidad se alcanza al estar comprometido en una actividad. Esto es muy aplicable a los mayores; ya que en la vejez, las personas tienen menos actividades que realizar debido a que llega el momento de la jubilación, se van los hijos del hogar y el ama de casa también tiene menos trabajo, se pierden relaciones sociales, etc.
 
Las personas mayores que envejecen satisfactoriamente, son aquellas que realizan actividades que les resultan interesantes, tanto productivas como de ocio o de ejercicio físico. La actividad produce satisfacción en sí misma, pero, además, proporciona oportunidades para hacer nuevas amistades y mejora nuestra autoestima.

Adaptación satisfactoria a la vejez

El modelo “SOC” de envejecimiento con éxito (Baltes, 1990) explica cómo las personas se adaptan satisfactoriamente a la vejez. Según este modelo, existen tres mecanismos adaptativos que son los responsables de que el individuo envejezca satisfactoriamente. Estos mecanismos son: selección, optimización y compensación.
Selección: elegimos pareja, profesión, amigos, actividades de ocio, etc. Este mecanismo que rige a lo largo de la vida seguirá en la vejez de forma que también en esta etapa los individuos elegirán aquellas actividades de acuerdo con sus facultades, salud y entorno.

Optimización: Tratar de mantener un nivel máximo en nuestras actividades es un objetivo a lo largo de toda nuestra vida y por supuesto también en la vejez. Hacer gimnasia, ir a conferencias, hacer trabajos de voluntariado, ayudar a los demás. Son formas de mejorar como ser humano.

Compensación: Si la persona sufre algún déficit y ve disminuida su capacidad para realizar una actividad, debe compensarlo. Usar gafas, bastón, escribir en un post-it para recordar algo, etc… son formas de compensar los déficits.

La experiencia adquirida a lo largo de la vida facilita que las personas mayores conozcan cómo actuar optimizando, seleccionando y utilizando estrategias que compensen posibles déficits o elevadas demandas ambientales. Esto es una actitud que tradicionalmente ha sido llamada “sabiduría”.
Autor:    Rubén Riveiro Feteira. Licenciado en Psicología. Psicólogo positivo y coach
Año 3 / Número 11
Pág. 42
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