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Año 6 / Número 31
 
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AGRICULTURA ECOLÓGICA
Agricultura ecológica y abonos orgánicos

Garantía de calidad y salud

Puede parecer que la agricultura ecológica existe desde los comienzos de la agricultura y que la producción sintética de abonos químicos sólo fue un paréntesis en el sistema tradicional de cultivar. Error grave. La agricultura ecológica no se trata de una vuelta a la agricultura anterior a 1939. Comparte los conceptos del sensato y buen manejo pero se apoya en los conocimientos de biología y agronomía moderna. El agricultor ecológico no puede desentenderse de los avances de la ciencia, sino que debe cultivar ayudándose de ellos.
El uso de abonos químicos favoreció el abandono paulatino de la fertilización orgánica tradicional desajustando el ciclo natural del balance de nutrientes del suelo, redundando en casos cada vez más habituales de contaminación del medio ambiente, intoxicaciones, alergias, etc… A consecuencia, en la actualidad es necesario realizar actuaciones más costosas de recuperación de los recursos naturales para encontrar soluciones a los problemas generados por el uso indiscriminado de estos abonos.
 
La agricultura ecológica se define como la producción de alimentos a partir del manejo respetuoso del medio natural. Trata de simular en lo posible la producción vegetal que ocurre en la naturaleza pero aplicando los nuevos conocimientos científicos desarrollados a partir del mejor estudio y de las necesidades de los agricultores.
 
Entre las premisas más importantes se encuentran:
 

-El respeto de los ciclos naturales de los cultivos.

-El reciclaje de nutrientes optimizando los recursos naturales.

-No incorporar sustancias o residuos que perjudiquen la salud.

-El manejo de animales en condiciones de vida adecuadas y potenciando las razas autóctonas.
 
Entre los factores que más afectan a los sistemas agrícolas y que debemos tener en cuenta a la hora de cultivar son: El tipo de suelo, el tipo de cultivo, el manejo, el clima. Profundizando en el aspecto del manejo podemos señalar que la fertilización de los cultivos forma parte importantísima en la agricultura, ya que los nutrientes son extraídos del suelo para integrarse en la biomasa de los vegetales, lo que origina la disminución en la producción en años consecutivos de cultivo. Por lo tanto, el objetivo de la fertilización es reponer la carencia de nutrientes en el suelo, haciendo patente la premisa “lo que a la tierra se le quita, se le ha de devolver”.
 
Así, el balance de nutrientes estará equilibrado entre las perdidas debidas a la extracción del cultivo y las ganancias del propio abonado. Para poder obtener un buen equilibrio de nutrientes que optimice la fertilidad de nuestro suelo es necesario estudiar donde queremos cultivar a juicio de conocer las carencias y excesos de nutrientes. Sólo así, podremos aplicar el abonado en su dosis adecuada.
 
Es muy común la idea de que la fertilidad está determinada sólo por la composición de nutrientes esenciales para las plantas, Nitrógeno (N), Fósforo (P) y Potasio (K) y algunos parámetros como el pH (acidez o basicidad) o la cantidad de materia orgánica (MO), seguramente por el influjo del abonado químico. En la actualidad se analizan la actividad biológica, la capacidad de intercambio catiónico (CIC), la conductividad eléctrica (Salinidad) y la proporción de arenas, limos y arcillas, lo que permite conocer las condiciones físico-químicas y biológicas de nuestro suelo. Por lo tanto, es deber del agricultor no sólo suplir las carencias nutritivas con el abonado, sino contemplar al abono como un mejorador de la estructura física del suelo y un aporte de microflora beneficiosa.
 
Como he comentado anteriormente, las premisas y necesidades de la agricultura ecológica permiten y motivan el desarrollo paralelo con la ciencia moderna. Así, la gestión de estiércoles y de restos orgánicos es actualmente una solución clave en la agricultura ecológica. Cuando incorporamos abonos al suelo es obligado que no sean fitotóxicos, es decir, que no inhiban la germinación y el desarrollo de las plantas.
 
También deben mejorar las propiedades físicas, como la estructura y la porosidad, la retención de agua, para permitir el desarrollo radicular y la aireación del suelo. Y por último debe aportar compuestos químicos asimilables por las plantas. El compost y el humus de lombriz son insumos aptos para el uso en agricultura ecológica que cumplen con los requisitos para un cultivo ecológico. Además, son producidos a partir de dos biotecnologías modernas que adaptan y maximizan procesos de reciclaje y aprovechamiento de recursos naturales. Durante el compostaje se produce un aumento de temperatura por actividad microbiana que repercute en una higienización completa. Además, el proceso se completa con la inhibición de la germinación de las semillas de las denominadas “malas hierbas”.
 
El humus de lombriz son las deyecciones de la lombriz de tierra tras digerir materia orgánica en descomposición junto con microorganismos descomponedores. De la misma manera que con el compost, cuando incorporamos humus de lombriz al suelo de cultivo, no sólo aportamos elementos nutritivos sino que aumentamos la fertilidad al agregar materia orgánica con compuestos químicos que favorecen la retención de nutrientes. También debemos destacar la eficacia competitiva de los microbios de estos abonos frente a los que causan las plagas y enfermedades vegetales. La aplicación de abonos orgánicos, permite completar el ciclo de nutrientes repercutiendo en un beneficio para la vida de las plantas y los animales. Desde el punto de vista agronómico, al abonar con compost y humus de lombriz conseguimos un abonado equilibrado y a largo plazo ya que su efecto persiste durante más tiempo consiguiendo suplir el abonado químico.
 

En definitiva, la agricultura ecológica es imprescindible en el contexto del desarrollo sostenible ya que conserva los recursos naturales y la promueve la diversidad genética para beneficio de las generaciones futuras.

Autor:    Julio Eiroa Mera. Biólogo de Ecocelta Galicia SLNE
Año 2 / Número 7
Pág. 48
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